CAPÍTULO 68. TE NECESITAN
Con rapidez se acercó a su hermana y la ayudó a ponerse de pie, justo en ese momento se dio cuenta de un par de cardenales en las muñecas de su manos, y en los antebrazos.
— ¿Estás bien? —le preguntó, tragándose lo que sentía, en ese instante quien importaba era ella. Retiró un par de mechones de su rostro, identificando en su mirada, que estaba asustada—. Te prometo que te explicaré lo que sucede más tarde.
Varias lágrimas se deslizaron por las mejillas de la joven, afirmando con la cabeza, s