CAPÍTULO 67. NO LA VUELVAS A TOCAR
El torso de la chica subía y bajaba con gran agitación, sentir la calidez de su aliento, le provocaba que la piel se le erizara por completo, era algo que no podía evitar, a pesar que estaba inmóvil, al tenerlo detrás de ella. No era capaz de articular una sola palabra, su mente estaba en blanco.
—Dime que me vaya —volvió a susurrar, acercando más sus labios al lóbulo de su oreja—. Haré lo que me digas, preciosa. —La punta de su lengua tocó, la piel de ella.
Un gran silencio se generó interior,