En la mansión Milano Salvatore.
Treinta minutos después.
Ysabelle afuera de la casa.
—Qué hermosa noche —comentó mirando al cielo y disfrutando del paisaje.
Christopher la abrazó por la cintura.
—No es tan hermosa como tú.
Ysabelle sonrió.
—Gracias.
—¿Te ves cansada? —comentó él.
Ysabelle estaba bostezando.
—Sí.
—Deberías irte a dormir —le aconsejó.
—Sí.
Christopher, girándola para estar frente a ella.
—Sueña conmigo.
—Claro que sí —dijo ella dándole un beso fugaz.
—Ve.
—Aja.
Ysabelle entró en l