Yakimov tenía el dedo listo para accionar el gatillo y la mirada fijada en el lente telescópico, sin perder detalle de nada. ¡¡¡No podía fallar!!! El blanco era fácil además. Sin embargo, pop la tensión que lo agobiaba, el cazador pateó su caja de balas y varios de los proyectiles rodaron, perdiéndose en las esquinas de aquella azotea que se alzaba frente al estacionamiento de "El Fisgón".
-Es de mala educación espiar a la gente-, escuchó entonces Yakimov una voz atronando detrás de su