Me alcé sobre mis codos y lo contemplé a Waldo tan largo era, majestuoso, formidable e inquietante, con el hocico alargado y la lengua tan roja y viril, los soplidos potentes y los pelajes que lo adornaban igual que una gran alfombra. Yo había leído que a ellos, a los licántropos, no le era difícil transformarse, porque lo hacían igual a otros animales en la fauna terrestre. El gato puede sacar, a su antojo, las garras, el hocico se alarga porque tiene músculos flexibles y se sostienen sobre