-Un lobo me estuvo mirando ese día, era como si me conociera-, le dije a Waldo, boquiabierta y anonadada, recordando esa pincelada que se extraviaba en la nada de un pueblo escondido entre las lomas y los cerros pelados.
-"Furia" es el alfa de la manada-, sonrió Waldo.
-¿"Furia"?-, quedé incrédula.
-Sí, así lo llamamos a él porque es un cánido muy violento, malhumorado y no sabe controlar sus impulsos-, reía Waldo.
-Pensé que tú eras el alfa-, quedé desairada.
-Aspiro serlo, aún