Capítulo 32

Al fin llegamos hasta el centro de la ciudad y luego de desplazarnos por una estrecha calle, arribamos a una ferretería muy grande, súper surtida, repleta de clientes, clavada en mitad de la calle. -Me esperas-, me dijo Waldo enigmático y bajó de su auto de prisa, dando trancos.

Aproveché para prender el radio y revisar su guantera, en busca de alguna evidencia sobre Waldo, aunque, como les digo, ya no sospechaba tanto de él, simplemente tenía curiosidad de conocerlo más. Había una linterna
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