Al fin llegamos hasta el centro de la ciudad y luego de desplazarnos por una estrecha calle, arribamos a una ferretería muy grande, súper surtida, repleta de clientes, clavada en mitad de la calle. -Me esperas-, me dijo Waldo enigmático y bajó de su auto de prisa, dando trancos.
Aproveché para prender el radio y revisar su guantera, en busca de alguna evidencia sobre Waldo, aunque, como les digo, ya no sospechaba tanto de él, simplemente tenía curiosidad de conocerlo más. Había una linterna