Sara
Luego de haber fumado la pipa de la paz, seguimos en contacto; que alegría que no era solo sexo lo que buscaba, de mi parte no estaba segura.
A veces me daba la impresión que se desaparecía a propósito con la excusa del trabajo, yo y mis hormonas no dejábamos de alucinarnos con los sueños húmedos que me atormentaban por las noches.
Karen, Miriam y el reciente integrante del club, Enrique, me torturaban.
— ¿De qué te sirve tener galán si no lo usas? — todos me recriminaban, a mí m