Me quede todo el día tomando su mano, hasta que de pronto empiezo a sentir que mi mano es movida. Con cansancio abro los ojos, para darme cuenta que era William él que estaba moviendo su cuerpo. Adolorido empieza a abrir sus ojos morados.
–Mierda. –Murmura el joven con dolor.
–¡William! –Dije impactada de verlo por fin abrir los ojos. –Soy yo, Ana. –Tenía miedo de que no me reconociera, por sus ojos golpeados.
Lentamente el me miró y aunque estaba adolorido, no puede evitar dejar caer algunas