Cuando todas las personas dejaron la mansión, me dirigí hacía la casa que compartiría con Will. De inmediato subí a la habitación para ver por la ventana la gran luna blanca, que se posaba en la ventana. Estaba tan enamorada de la vista y un poco deslumbrada por este mundo que parecía tan perfecto, pero al final del día, sabía que era solo una mujer que estaba fingiendo ser una prometida excepcional. Sabía que detrás de las joyas y los hermosos vestidos, seguía siendo la misma Ana.
Lentamente