–¿David? –Dije su nombre sin aliento.
El moreno vestía un traje azul marino entallado, mientras caminaba hacia mí con sus manos dentro de los bolsillos de su traje.
–¡Ana! –Dice mi nombre una vez más.
Los dos nos acercamos ya que estábamos sorprendidos de vernos.
–¿Qué haces aquí? –Pregunté ingenua mientras sonreía con gusto.
–¿No querías que estuviera aquí? –Pregunta.
–Claro que te quería aquí. –De inmediato los dos nos abrazamos con fuerza.
David era una parte muy importante de mí vida, y a p