Al día siguiente, desperté con los primeros rayos del sol colándose por la ventana. Sarah dormía a mi lado, su respiración suave y regular. Observé su rostro tranquilo por un momento, sintiendo una ola de amor y protección. Silenciosamente, me levanté y me dirigí al baño para lavarme.
Después de unos minutos, salí del baño y vi a una mujer un poco mayor cerca de Sarah, observándola. Preocupado, con una voz casi autoritaria, le pregunté:
- Disculpe, ¿quién es usted? ¿Puede alejarse de mi mujer?