Con el plan en marcha, nos dirigimos hacia la mansión, acompañados por un contingente de policías adicionales. El trayecto, que en otras circunstancias habría sido breve, se me antojó interminable. Cada segundo parecía estirarse, mi mente llena de imágenes de lo que podría estar sucediendo dentro de esas paredes. Finalmente, el auto se detuvo frente a la imponente fachada de la mansión. Sin perder un segundo, los tres salimos rápidamente del vehículo junto a los demás policías. El ambiente esta