DAVID
Estaba en la sala de observación, con los ojos fijos en el espejo unidireccional, observando cómo el doctor, sudoroso y visiblemente nervioso, luchaba por mantener la compostura. Las luces frías de la habitación creaban sombras que acentuaban su desesperación, intensificando la tensión en el aire. Sentía que estábamos a punto de obtener la confesión completa, pero a pesar de eso, una inquietud creciente me invadía. Algo no encajaba, una sensación que me hacía sentir incómodo, como si una