Después de esa cena tan romántica, decidimos regresar a vivir juntos en la casa que había sido siempre nuestro hogar. Los días pasaron, y en cada uno de ellos, sentíamos que nuestro amor crecía un poco más. La rutina se trasformaba en un deleite diario, y cada gesto, cada mirada, reforzaba la conexión especial que habíamos redescubierto.
Cada día era una oportunidad para redescubrirnos y aprender más el uno del otro. La convivencia se volvía un constante descubrimiento
Ese día en la oficina t