Isabela lo miró con incredulidad. “¿Casados? Si eso fuera verdad, ¿dónde está el anillo? ¿Por qué no recuerdo ni un solo fragmento de ti? Esto parece más una mentira que otra cosa.”
Diego sintió que el mundo se le venía abajo. No podía soportar que Isabela lo negara de esa manera, que rechazara todo lo que habían compartido. En un impulso desesperado, la tomó de la mano, pero ella se apartó rápidamente, como si su contacto le quemara.
“¡No te acerques!” exclamó Isabela, su voz cargada de temor