Era increíble cómo los días habían pasado; tal vez todo era culpa de Felipe. Toda la semana estuvimos saliendo, visitamos muchos lugares e incluso estuve tentada de llevarlo a aquel pequeño acantilado, donde estaba el lago, pero no lo hice.
Tantas en común no podía ser coincidencia; sentía que era otra parte de mí. Él me comprendía, me escuchaba y sobre todo, no era prohibido.
Cenamos, fuimos al museo, al cine y al parque; también fuimos al estudio, y Felipe me ayudó con algunas prácticas de