Mundo ficciónIniciar sesiónAl salir de la ducha, revisé mi teléfono.
¡Diez llamadas perdidas de Leyla!
Decidí devolverle la llamada y puse el altavoz mientras me secaba y me ponía mi ropa de dormir.
—¡Aló! ¡Génesis! —respondió mi amiga con tono de reproche—. ¿Por qué no me contestaste el teléfono?
—Estaba en la ducha —respondí con simpleza.
—Me preocupé por ti… Te llamé porque quería pedirte disculpas. En la tarde saliste muy enojada de la oficina, no era mi intención…
—No te preocupes —la interrumpí—. Tú y Will no tienen la culpa de lo que hizo mi hermana.
—Génesis, solo queremos lo mejor para ti. Por eso te acabo de enviar un mensaje con el enlace de citas que te mencioné. Debes distraer tu mente.
—Leyla, no voy a tener citas con un desconocido.
Ella llevaba semanas insistiendo en que era momento de conocer a alguien más, pero yo me negaba. No necesitaba a nadie a mi lado. Estaba bien así: sola, sin problemas, sin sufrimiento, sin eso que muchos llaman amor, que para mí no era más que un espejismo.
—No pierdes nada con intentarlo. Tal vez, en una de esas oportunidades, encuentras a tu media naranja.
No dije más. Solo me despedí de ella y colgué. Pocos segundos después, recibí un mensaje.
Leyla :)
Tómalo como diversión. Es momento de que tu vida tenga un poco de acción.(Enlace)El mensaje venía acompañado del enlace al sitio web en el que tanto insistía. Hice caso omiso y me dirigí a la cocina para preparar la cena. Sin embargo, antes de dar el siguiente paso, mi teléfono volvió a sonar. Esta vez, era mi padre.
—Dígame, señor Matías —respondí con tono burlón. Odiaba que lo llamara así.
—¡Génesis! Ya te dije que no me gusta que hables de esa manera. Soy tu padre.
—Ja, ja… Padre, no entiendo por qué no te acostumbras.
—Nunca me acostumbraré. Ahora ven a la casa, quiero hablar contigo sobre tu nuevo nombramiento.
Eso sí era importante para mí.
—Estaré en cinco minutos.
Mi padre me nombraría vicepresidenta de la compañía. Me había esforzado durante años para lograrlo, y al fin había llegado el momento.
—Tu madre quiere que cenes con nosotros —soltó de pronto.
Sabía que esa invitación no era para pasar tiempo conmigo. Tal vez mi padre sí quería, pero mi madre… lo dudaba. Seguramente quería alardear sobre la boda de mi hermana.
—Si digo que estoy enferma, ¿aceptarías dejar la cena para otro día?
—¡Génesis! No empieces.
—Está bien, papá. Llegaré en diez minutos.
Me quité el short y me puse un chándal. Crucé el jardín y llegué a la casa, donde mis padres ya me esperaban en el comedor.
—Buenas noches —saludé. Primero besé a mi padre en la mejilla y luego a mi madre.
—¡Sirvan la cena, por favor! —ordenó mi madre.
La servidumbre obedeció y colocó los platos frente a nosotros. Me sentía incómoda. Nunca me gustó que alguien hiciera algo que yo misma podía hacer, pero mi madre estaba acostumbrada a ser servida.
—Como ambos saben, Dafne va a casarse y vendrá a la ciudad para celebrar su compromiso —anunció.
Ella y yo nunca tuvimos una buena relación. Samanta Woods siempre quiso que sus dos hijas se dedicaran al modelaje, pero yo nunca quise seguir ese camino. Desde la adolescencia, se volcó completamente en mi hermana y su carrera.
—He decidido organizar el evento para dentro de una semana.
—No puedes hacer eso —reclamé—. En una semana, mi padre me dará la vicepresidencia y tendremos un evento para la ocasión.
—Pero el compromiso de tu hermana es más importante en este momento. Revistas, periódicos, programas de televisión, redes sociales… Todos están interesados en la boda de Dafne. Una vicepresidencia no llama la atención de nadie.
—¡Papá, por favor! Dile a mi madre que no puede hacer esto en esa fecha.
—Génesis, en esta ocasión tengo que darle la razón a tu madre. El compromiso de tu hermana con Ethan Fox ha incrementado las inversiones en la compañía. Es la noticia del momento y beneficia a la empresa. Los próximos días…
No quise escuchar más. Me levanté de la mesa furiosa y caminé hacia la salida.
—¡Génesis! ¡Génesis, detente! —gritó mi padre mientras me seguía.
Me tomó del brazo, obligándome a detenerme.
—Escúchame, yo tampoco quería esto, pero entiende que, en este momento, el anuncio de la boda de tu hermana nos ha traído muchos beneficios.
—Papá…
—Te prometo que la próxima semana haremos el anuncio de tu nuevo puesto. Te conozco y sé que eres una mujer de gran corazón…
Claro que lo era. Pero cuando se trataba de mi hermana, todo cambiaba.
—Te lo suplico… —murmuró mi padre.
—Está bien, papá —bufé—, con la condición de que la próxima semana, sin falta, anuncies que seré la nueva vicepresidenta.
—Te lo prometo, mi princesa, así será.
Mi padre se acercó y me envolvió en un abrazo. Mis padres no conocían la verdad sobre mi ruptura con Tomás. No tenían ni la menor idea de que, por culpa de su hija predilecta, yo estuve al borde de la muerte. Sabían de su traición, pero no la identidad de la mujer con la que me había engañado. Estuve tres días inconsciente y, en ese tiempo, Dafne se encargó de dar su propia versión de los hechos… claro, omitiendo su participación en todo aquello.
—Ahora regresa a cenar.
—¿Es necesario? Es que mi mamá…
—Está bien, vete a tu casa; yo me encargaré de tu madre.
—¡Gracias, papá! —Me despedí con un beso en la mejilla y regresé a mi pequeño apartamento.
Apenas entré, me dejé caer sobre la cama y tomé el móvil. Revisé mis redes sociales por un rato.
«Lo mismo de siempre» pensé aburrida. No encontraba nada interesante ni emocionante.
De repente, recordé el enlace que Leyla me había enviado. Era una app de citas que, según mi amiga, me indicaría quién era mi "media naranja", la persona con gustos e ideales similares a los míos.
«¿Qué puedo perder?»
Busqué el mensaje y presioné el enlace. Lo primero que apareció fue la opción de instalar la aplicación en mi teléfono, así que lo hice. Los segundos se sintieron como horas; estaba ansiosa.
Un sonido me alertó de que la instalación había finalizado. Lo primero que leí fueron las reglas:
No se debe usar el nombre real.
No se permite pedir información personal como residencia, trabajo, edad o familia.
Después de leerlas, comencé a completar los datos personales. Lo primero que pedía era un seudónimo. Revisé algunos usuarios antes de escribir el mío, y la verdad es que la mayoría eran ridículos… pero bueno, yo debía elegir uno igualmente llamativo.
Rellené mis pasatiempos, mi trabajo y, por último, me pedía una foto de perfil. Ese sí era un gran problema, ya que no me consideraba fotogénica. Me tomé cientos de selfies hasta encontrar la correcta, luego di clic en "crear" y listo.
Ahora solo quedaba esperar.
Dejé el teléfono a un lado, pero apenas pasaron unos segundos cuando me llegó una notificación: alguien me había enviado una solicitud para chatear.
Le di "ok".
"Hola, osito de goma"
Elegí osito de goma, prqoue de esa manera es como mi padre me llamaba de niña..
Ese fue el primer mensaje que recibí. Me mordí las uñas, sintiéndome ansiosa por responder.
"Hola, Mr. Domisol", escribí. Ese era su seudónimo.
"¿Cuáles son tus pasatiempos favoritos?", preguntó.
"¡Fácil! Lo que más me gusta hacer es nadar, leer libros y tocar el piano. ¿Cuáles son los tuyos?"
Me sentía nerviosa. No tenía idea de quién era la persona detrás de esa pantalla, pero la curiosidad me ganó, y al final, terminé teniendo una conversación de casi dos horas con un completo extraño.
Tal vez esto no era tan malo. Al menos, por un par de horas, me olvidé de Dafne, de su compromiso, de la empresa y de mis responsabilidades. Durante ese tiempo, escapé de mi realidad y me sumergí en una plática amena con alguien desconocido.







