Asomaban los primeros rayos de sol, Gabriel yacía en la cama con Elena dormida sobre su pecho; él no quería dormir, sentía más reposo disfrutando del calor del cuerpo de su esposa junto a él, recordaba una y otra vez la entrega absoluta de ella, su confianza en él, la pasión tan intensa con la que respondió a su deseo, no parecía para nada la joven temblorosa que se le entregó la primera vez en la casa de la playa, se culpó de nuevo por sus acciones y más aún porque siendo él un hombre maduro y