Tras varios minutos más de falsas promesas, Gabriel confundido y angustiado por lo sucedido entró de nuevo en la casa, cerca de la puerta principal lo esperaba Julio bastante más nervioso de lo que estaba minutos antes cuando lo fue buscar en el jardín.
—¿Qué pasó Gabriel...? ¿Ya se fue?
—¡Necesito calmarme! —Fue lo que alcanzó a decirle a su amigo mientras caminaba rápidamente hasta el estudio de su padre ignorando a un par de personas con las que se cruzó en el camino—. ¡Me va a volver loco!