—Tú. Tú y Elena. Es que todo ha sido tan rápido. No quiero ser entrometida, pero tampoco quiero ver que alguno de los dos salga lastimado.
—Te entiendo. Pero creo que no tienes de qué preocuparte. Es más, me extraña que me digas esas cosas, tú eras de los que más insistían para que me casara —sonrió.
—Claro, Gabriel, pero que te casaras Durante las primeras semanas del noviazgo Elena se dedicó a justificar a su prometido por sus ya cotidianos desplantes, días en que se sintió apartada y excluid