En un lapsus de locura, le propuse a Thomas registrar nuestra intención de matrimonio en el registro civil. Sabía que ese tipo de cosas debían planearse con calma, pero verlo tan entusiasmado por firmar un documento que uniría nuestras vidas por tiempo indefinido me motivaba también a aceptar el riesgo.
Cuando finalmente llegamos a la oficina de gobierno, mi ansioso galán se decepcionó un poco al ver que no estaba funcionando.
—Creo que no abren los domingos.
—Lo imaginé, sin embargo, aún tenía