Thomas parpadeó atónito con mi repentina demanda, que por un instante se quedó sin palabras. Al ver que él no decía nada, volví a hablar.
—¡Jefe! ¿Acaso está jugando conmigo? —cuestioné con severidad.
—¿Qué? ¡No! —respondió avergonzado—, es solo que es la primera vez que la veo actuar de esa manera tan impositiva.
«¡Rayos! ¿Acaso era tan endeble antes como para dejarme manipular por este hombre tan inestable?», pensé con nerviosismo, que en el acto intenté actuar menos agresiva.
—¡Ah! Lo siento