Para mí, era increíble ver cómo ese hombre tan elegante se concentraba demasiado para hacer una sencilla pasta. Cuando lo vi sacar religiosamente todos los ingredientes, colocándolos ordenadamente y midiendo con precisión las cantidades de las especias, pregunté con curiosidad.
—¿Qué se supone que estás haciendo?
—¡Oh! El chef Bell me dio las medidas precisas para que la salsa quede a la perfección, así que estoy calculando todo para que quede igual —respondió Thomas sin voltearme a ver.
—¡Ah!