Se lo diré a los medios de comunicación.
Punto de vista de Catalina
Miraba por la ventana mientras Zoe conducía, con el corazón golpeándome con fuerza en el pecho.
No sabía qué me esperaba en el ático, pero sentía que estaba caminando directo a la boca del lobo.
Me retorcía las manos sobre el regazo y, por más que intentaba calmarme, los nervios no se iban.
—No sé qué va a pasar ahora —murmuré en voz baja, pero Zoe me oyó.
—Todo va a salir bien —dijo con suavidad, mirándome de reojo—. Recuerda que, digan lo que digan, eso no cambia quién eres.
Asentí, pero el nudo en el estómago no se aflojó. Tenía miedo. Miedo de lo que dirían.
Miedo de lo que Adrián pudiera hacer.
Pero, sobre todo, miedo de lo que todo esto significaba para nosotros… si es que todavía existía un “nosotros”.
Zoe se detuvo frente a la reja del ático y me giré hacia ella, forzando una sonrisa.
—Gracias por esto. De verdad no sé qué haría sin ti.
—No tienes que pasar por esto sola, Cat —respondió con firmeza—. Avísame en cuanto salgas, ¿sí?
—Lo haré —prometí,