La señorita Virginia Parker, su vecina, en ese momento estaba barriendo las hojas del naranjo esparcidas en el andén y al notarlo continuó con sus asuntos, mirándolo de reojo. El médico todavía estaba en pijama bajo una bata de baño color burdeos y casi, contra su voluntad, saludó afectuosamente a la anciana. "Buenos días, señorita Parker", dijo. "Buenos días", respondió la anciana de mala gana y preguntó: "¿Se encuentra bien, doctor?" -Muy bien, señorita Parker; ¿y tú? -Aquí estoy, jodida y po