La piel pálida estaba marcada por esas impactantes cicatrices. Diego, sin pensarlo, subió la manga de su camisa, revelando un rastro de cicatrices en todo su brazo. Incuso levantó su otra mano.
Lo que impactó a Diego no fue solo una o dos cicatrices, también había algunas quemaduras en la piel.
—¿Qué te pasó?
Violeta bruscamente retiró su mano de la suya, su rostro lleno de inquietud. —No es asunto tuyo. Ya te lo dije, si no me matas, me iré, y desde ese momento, tu vida y la mía no tendrán nada