Diego apoyó sus manos a ambos lados de ella, inclinando ligeramente su imponente figura para mantenerla completamente dentro de su alcance controlado.
Diego adoraba esa sensación de dominio y superioridad.
Y ella, como una presa, no tenía a dónde huir.
Desde arriba, la miraba con ojos llenos de una agresividad poderosa. Levantó su mentón con una mano y luego la besó. —Si tienes objeciones, guárdalas.
Imperioso, despiadado y desenfrenado.
Clara intentó escapar de su sujeción, pero él la levantó l