Las lágrimas corren por mis mejillas. Durante todas estas largas semanas, he pasado de una emoción a la siguiente, sin saber qué creer sobre él.
—Oh, papá. —Hago una mueca de dolor y lo rodeo con los brazos. Me abraza. Disfruto que me cargue como si fuera su pequeña niña de nuevo.
—Dios, Fiorella, estaba tan preocupado. Todos lo estábamos. Jacob está fuera de sí con esto. He estado haciendo todo lo posible para evitar que haga algo estúpido.
—Jacob...—murmuro.
Nunca supe que la última vez que J