No estoy dispuesto a admitir eso a nadie, y menos a ella. Me cierro sobre ella. Se estremece bajo el peso de mi mirada.
—Mucho ojo, Gabriella. Ten cuidado. Recuerda con quién estás hablando. No te quiero esta noche.
Ella retrocede y da un paso atrás. Con eso, la dejo. Bajo las escaleras que conducen a la salida, en mi camino vislumbro a Matteo y Fabrizio en el bar, pero no me detengo. Ni siquiera sé si me vieron.
Mi cuerpo se mueve por sí solo. Como si me llamaran a casa. A casa con ella.
Condu