—¿No? —Miro sus pezones presionando contra la tela de la parte superior de su bikini. Son puntos duros que antes no existían.
Para su sorpresa, extiendo la mano y froto mi dedo sobre el izquierdo. Paso mi dedo por el pico tenso y sonrío.
—Tu cuerpo te traiciona, Fiorella. Ven, date una ducha conmigo. Acabas de salir del mar salado y yo acabo de llegar a casa del trabajo. —Tiro de mi corbata, enfatizando la palabra trabajo para que ella sepa que estaba hablando en serio acerca de dónde estaba—.