Esa noche Velkan pudo comer a sus anchas, Tatiana le preparó una rica cena con la cual se deleitó como tenía tiempo que no disfrutaba. Ella lo miraba comer y se le notaba en el rostro el orgullo y la complacencia de que hubiera podido complacer al hombre que amaba en algo tan sencillo como una comida.
Después de la cena Zurab y Velkan se sentaron en una mesita que estaba en el almacén. Tatiana los había dejado solos, quizás pensando en que ellos necesitaban un poco de privacidad para hablar de