Caminaron tomados de la mano hasta la habitación de ella, Velkan la miró con un poco de extrañeza porque pensaba que irían a la habitación de él tal como la última vez. Ella le sonrió de manera seductora.
—En mi habitación Zurab no podrá interrumpirnos —le dijo con voz dulce y maliciosa al oído— además, mi cuarto tiene su baño propio —terminó diciendo al mismo tiempo que le daba un suave mordisco en la oreja, lo que enervó los ánimos de Velkan.
Entraron al cuarto donde ella lo llevó de la mano