Doña Celestia cerró los ojos y exhaló profundamente, haciendo un esfuerzo por contener la ira que bullía dentro de ella. Había cosas en las que no podía pensar sin enfurecerse, especialmente sobre aquellos que ya habían fallecido.
Después de un rato, doña Celestia finalmente habló:
—Que hayas sobrevivido es una bendición acumulada por tus padres. Eres una buena niña; debes vivir bien. Solo estando viva, todo es posible.
Clara había escuchado estas palabras desde pequeña; su abuelo también sol