Clara no dijo nada; sus dedos ya estaban palpando el pulso de Andrés. Después de un momento, frunció el ceño y miró seriamente a Emiliano:
—¡Tiene, como máximo, diez minutos!
La respiración de Emiliano se detuvo. David miró con incredulidad:
—¿Qué estás insinuando?
Clara fue directa:
—Su situación es muy peligrosa. Si no llegan a la base de la montaña, él no sobrevivirá.
David explotó:
—¡Estás hablando tonterías!
Clara lo ignoró y miró a Emiliano:
—Dame unos minutos, ¡lo salvaré!