―Yo no soy…
Menciona Rachel, bastante contrariada. Así que me veo obligado a intervenir para remediar la incómoda situación.
―Lo siento, Alfred, déjame presentarte a la señorita Venus ―le aclaro y le guiño el ojo con disimulo para que me siga el juego―, es una de las bailarinas del club y esta noche es mi invitada.
Me observa, intrigado, pero capta la indirecta. De inmediato, vuelve a su acostumbrada actitud formal y distante.
―Lamento el imperdonable error, señor ―luego de disculparse vuelve a