Dos semanas de entrenamiento riguroso y arduo, me han convertido en la mujer que ahora soy, gracias a la ayuda del único hombre que lo hizo todo posible. Massimo De Luca.
―Pon atención, Isabella, hoy estás distraída.
La voz de a instructora me expulsa de manera brusca de mis pensamientos.
―Lo siento.
Vuelvo a poner los pies sobre la tierra y me concentro en lo que estoy haciendo. Fijo los ojos en el espejo y comienzo desde el principio.
―Recuerda, querida, todo se trata de fuerza y coordinación