―Lo siento, bebé ―con la polla atrapada entre sus dedos, la acerca a sus labios seductores sin apartar su mirada coqueta de la mía y deposita un sutil beso sobre la punta que la pone a palpitar con desenfreno―, pero tendrás que esperar hasta esta noche.
¿Qué? ¿Piensa dejarme así?
La observo desconcertado y confuso por lo que acaba de hacer. Se pone de pie, rodea mi cuello con sus manos y me besa con una pasión que hace que mis ganas se dupliquen en un chasquido. Sin embargo, corta el beso cuando