Nos encontrábamos en la casa desde hace diez días, no podía negarlo, los días los he pasado con remordimiento y luego con una emoción infinita. Rafael… Dios ese hombre era, ¡erdaaa! Me espelucaba todo el cuerpo, menos mal no lee pensamientos, porque caería de la vergüenza con todo lo que pasa por mi cabeza formando un arroz con mango, y luego el remordimiento por el recuerdo de Luis.
Me sentía infiel y no lo era, estaba libre para unirme a otra persona. Sin embargo, la situación era una locura.