Llegamos a Bogotá, realizamos el trasbordo, ahora íbamos en el avión rumbo a la mágica tierra de Montería. Una hora después descendíamos, estaba agotado de tener tantas horas sentado, pero de vez en cuando nos besábamos, sus labios hicieron la diferencia.
Esperábamos las maletas, el doctor ayudó a la señora Samanta con la suya, llevaba dos y por más que ella insistió en poder arrastrarla, siempre obtuvo una negativa de su parte. Mientras tanto, Betty se veía radiante al lado de Ricky y con Cadi