El silencio nos envolvió por lo ocurrido. Una mezcla de felicidad y miedo al mismo tiempo.
—Disculpen el padre de… —La enfermera nos miró, era la misma de la vez pasada, nos reconoció—. Aquí se encuentra el papito, vamos puede ingresar a ver el nacimiento de su niña.
Se llevaron a Ricky, Lucían, Lucas y yo nos reímos. Nos sentamos en la sala de espera, luego llegó una enfermera en busca del bolso de maternidad que tenía la señora Samanta ni cuenta me había dado.
—Cata —apretaba mi mano, estaba