Cabalgaba con Rigoberto, pasamos por el oasis de mi Bodoque, ya había árboles con más de diez años, ahora es que comienza a verse los logros de mi mujer.
—Rigoberto, te vienes conmigo a Montería.
—¿Y eso patrón?
—Quiero comprar varias bancas blancas para ponerlas en ciertos lugares donde hay árboles, en el oasis de mi esposa, en unos años será un gran lugar para tomar sombra.
—¿Le va a decir a la niña, Cata? —detuvimos los caballos, ya eran las seis de la mañana.
—¡No!, quiero que sea una sorpr