Mi suegra estaba loca, pero era una locura contagiosa, nuestra boda por la iglesia no era en un club, Ceci solo le dijo que quería algo hogareño, con poca gente. Y mi suegra entendió, lujo, doscientas personas, en lo único que atinó y fue que la reunión se llevaría en Coveñas, al frente de la casa de vacaciones de su padre, era como si don Octavio estuviera presente, la ceremonia, la cual sería a las cinco de la tarde.
Los organizadores habían dejado todo de maravilla y el sábado era el apoteós