A mitad de escaleras el abuelo se encontró con Dylan.
—No me pongan más esa inyección.
—¡Ese es mi pelao!
Vi las ganas que tenía de abrazarlo, pero se contuvo, fue mi abuelo quien le estiró los brazos y él se lanzó a ellos.
—Tienes que comer, corazón.
Negó ante el comentario de mi abuela, le acarició el cabello rubio, luego se sentó a mi lado, tomó mi mano para tenerlas entre las suyas, me gustó saber que era un alivio para él.
—Debes comportarte como un varón, mañana es el sepelio de tu mamá,