Habían pasado ocho meses de la muerte de mi madre, me hacía mucha falta, demasiada, no lograba calmar mi ansiedad o bueno, debo ser sincero conmigo mismo, solo hasta hace un mes que logré calmarla cuando fui a la fiesta de Fabricio, desde que ando con él Lucas dejó de hablarme y Bodoque… Nos reconciliamos en su cumpleaños, recordé lo que me dijo esa noche cuando malogré los nudillos de mi mano.
—Debemos llevarlo a la clínica, esas manos no se ven bien. —dijo la señora Samanta.
—Ya no tenemos se