Salí de clases, vi al decano, me hizo señas para que me acercara.
—Cecilia, ya que te veo te comento.
—Dígame señor.
—La otra semana teníamos previsto documentar una expedición con el canal al que estamos vinculados.
—Disculpe, yo tengo un viaje para dentro de cuatro o cinco meses.
—Lo sé, te lo ganaste. Esto sería algo extraoficial, el profesor que cubriría estos tres meses le dio varicela y no puede viajar. Él mismo te recomendó.
—Gracias, señor. —Mi corazón quería brincar de la felicidad—. P