Comenzó a jugar con mi mano, la apretaba, estaba nervioso, lo conozco.
—¿Qué pasa?
—Nada, me gustaría ir en caballo, pero tú no puedes.
—¡Ya me quitaron la incapacidad!
—Caballo aún ¡no! —con esa mirada de picardía se me acercó—. No cabalgues sobre esa montura.
Le di un puño en el brazo y soltó la carcajada, llegamos hasta mi carro y me abrió la puerta del copiloto. Diez minutos después quitábamos el portillo para ingresar en lo que Dylan dijo que era el área de la finca, pero desde hace unos c