La noche no trajo el descanso que tanto necesitaba. El silencio en la cabaña se sentía como una presión física, interrumpido solo por el ronquido rítmico de mi padre en la habitación contigua. Me quedé tumbada en mi cama, con la mirada fija en el techo desconchado, sintiendo que la tela de mi pijama me quemaba. En mi mano derecha, apretaba el trozo de papel que había encontrado debajo de mi almohada al regresar de la gala.
“Amelia: Nottingham no fue un accidente. La verdad sobre tu madre no est