Narra: Amelia
El estruendo de los subfusiles automáticos perforando el hormigón del búnker era un sonido ensordecedor que retumbaba en mis oídos con la cadencia de una demolición absoluta. Las chispas de los cables de alta tensión cortados por los impactos salpicaban la penumbra azulada del sótano de Edimburgo, iluminando por microsegundos el caos táctico que Rebeca Jones había desatado sobre nuestra fusión conjunta. Tirada en el suelo de granito congelado, resguardada únicamente por la robuste