Narra: Alexander
El silencio en la suite presidencial de la City de Londres tras la revelación del expediente suizo era tan denso que podía tasarse en los mercados de valores. Las pantallas de mármol proyectaban el nombre de una línea de sangre idéntica a la de mi esposa: una hermana carnal, una Broderick pura, vendida por mi madre a las dinastías de Ginebra como si fuera un lote de acciones preferenciales en quiebra.
Sentí una fijeza asesina, gélida y destructiva, recorriéndome la columna vert